jueves, 5 de enero de 2017

Miradas

Farolillos azulados
brillan bajo enhebradas cortinas
los tic-tacs acallados,
me reflejas, pues te iluminas.

Mis latidos ascienden,
susurrando bocanadas,
nuestras llamas se encienden:
tenemos la chispa adecuada.

Reciente degustamos tormenta,
ahora somos brisa;
lo que a prejuicios nos enfrenta,
saboreamos en sonrisa.

Mi arcoiris miel y pardo
devociona cada célula,
arrodillada el alma, yo ardo,
la fe se cose hasta en mi médula.

Tus luceros prendidos
espejandóme entregada
las semillas han florecido
pues también adora el que manda

Reciente degustamos tormenta,
ahora somos brisa;
lo que a prejuicios nos enfrenta,
saboreamos en sonrisa.

martes, 27 de diciembre de 2016

Felicidades

Llevaba tiempo queriendo volver a escribir aquí. Sin embargo, si algo me has enseñado en lo que llevamos de recorrido, es a ser más paciente. Y por eso, mes tras mes, he querido esperar...

Porque al principio, sencillamente, la vida más allá de este rincón nos absorbió. Sencillamente, no tenía tiempo. Aquel que poseía, si no estaba perteneciéndote, estaba atendiendo aquellas obligaciones que a todos nos hacen más humanos, más animales sociales, más parte de este mundo moderno y enfermo: terminar la carrera, comenzar a trabajar, empezar un máster, trabajar en nuestros proyectos comunes, practicar... Son todas cosas lejanas a este espacio, pero parte de la realidad que compartimos.

Luego, estuve aprendiendo. Rectificando, comprendiendo, reparando. Asimilando, entendiendo, avanzando. Examinándome y recuperando.
Y entonces, no era oportuno escribir. No hasta estar preparada. No hasta estar lista. No hasta haber aprendido.

Y aprendí.

Aprendí de cada desacierto e infortunio. Aprendí de cada experiencia sobre mi inexperiencia. Adquirí madurez al aflorar la inmadurez. Desterré mi monstruosidad tras abrazar la tuya. Comprendí tu virtud y encontré la mía... Y te la entregué, te la entrego, te la entregaré a ti. 

Y me otorgaste un don: el de la paciencia. Uno que sigo entrenando, practicando, mejorando. 

La espera, contigo, siempre da recompensas. Caminamos juntos, y Tú, elevado, puedes contemplar siempre mi expectación. Esa respiración contenida, esos latidos acelerados, esa mirada brillante. Las palabras, los sonidos, los movimientos. Sabes que aguardo, que tanteo, que espero... Hasta que las cosas van llegando. Me las das, te las doy. Las alcanzamos juntos. Avanzamos. 

Tú llevas la batuta y yo... Sendereo con mis huellas en la partitura. Juntos, creamos... Y cantamos. Juntos, somos una música que los demás oídos nunca escucharán, pero que a nosotros nos elevará siempre.

He dejado que su silencio dure muchos compases. Porque tenía que ser paciente. Tenía que esperar a que fuese hoy. 

Porque hoy, es TU cumpleaños.

Y esta lección aprendida, es una de las muchas cosas que, además de agradecerte, quiero regalarte.

Te quiero.

domingo, 12 de junio de 2016

Atreverse


Mi buena intención
presa en su habitación
mantenía una discusión
con la vergüenza

y yo contemplaba
como tu oro manaba
y sin nacer navegaba
por el imaginario mi proeza

sin atreverme a nada
presa de tus nubes mi mirada
con la sed dentro callada
luchando mi naturaleza

por vencer la vulgaridad
de prejucios y normalidad
y así hacer realidad
lo ya real en mi cabeza

pero la entrega al final
no tuvo en el pudor rival
y arrodillada probé tu sal
ofreciéndote mi limpieza

gracias, Amo, pues ser tuya
libera y deja que fluya
mi esencia sin más que influya
y aquí, te verseo esa certeza.




Gracias una vez más.





domingo, 5 de junio de 2016

Besos de madera



En la tierra, la semilla,
de las raíces latentes
que cuando el sol brilla
se tornan emergentes

Y del emerger, el tallo
de robustez revestido
que al llegar mayo
será árbol ya crecido

Y del árbol, la madera
flexible, robusta, dura
de tu amor arma verdadera
portadora de caricias puras

Tus marcas de amor
recibo agradecida
y de la madera el calor
da así la bienvenida

a la liberación
de ser tuya
y que de tu corazón
dominantes fluyan

latidos resonantes
en mi piel rociados
en choques impregnantes
de tu poder en mí dibujado


domingo, 29 de mayo de 2016

La llamada



¿Oyes la llamada?
La carne, desesperada,
ansía tu llamarada

entre sábanas y sudor
del interior al exterior
por antojo de tu sabor

clama por Ti la piel
anhelo yo tu miel
y de Ti ser perra fiel

¿oyes la llamada?
Ambrosía dulce y salada
al pensarte es emanada

mientras te espero
y me desespero
sin ningún pero

solo, te llamo…
sola, te espero...

sábado, 28 de mayo de 2016

Agradeciendo entre pluma y ceniza



Me salvaste.

Me salvaste justo a tiempo. 

He renacido de mis cenizas hechas de lágrimas, en una nueva y eterna sonrisa que brilla por Ti.

Estaba perdida y desorientada bajo el azote de la angustia y el estrés. Maltrecha en salud y cuerpo, y sin ganas en la mente y el alma. Y el corazón me latía por Ti, pero se aquejaba por mis enfermedades y desdichas.

Pero no me has dejaste caer ni echar a perder. Me sujetaste. Me hiciste ver. Me hiciste reaccionar. Me diste luz, verdad y apoyo. 

Gracias.

Ahora, tras haber salido del coma, en pleno postoperatorio en el que las cenizas y las plumas todavía me visten, comprendo que has debido pasarlo realmente mal viéndome así. Entiendo lo mucho que ha debido preocuparte y angustiarte el notarme triste y estresada, y me doy cuenta de cuánto ha debido de dolerte el contemplar como iba dejándome consumir inmóvil y pasiva ante el eterno devenir. Lo siento mucho. Siento haberte hecho sufrir. De verdad. Es un precio que llevaré sobre mis hombros siempre... Pero te juro que ninguna carga volverá a encorvarme

Esto no me frenará. Nada lo hará. Ningún dolor o cansancio o peso. Seguiré adelante. Avanzando contigo. 

Y llegaré ahí, a lo más hondo. Y Tú no estarás sólo nunca más. Para Ti se acabaron tiempos de búsqueda y decepciones, esos mismos que te hicieron aparecer en la madrugada, pues en mí lo hallarás todo. No irás más a la deriva, iremos juntos. Estaré contigo. Siempre y en todo.

Eres maravilloso. Y me has salvado.

Gracias por curarme.

Gracias por no dejarme ir.

Gracias por esperarme.

Gracias.

Te amo, R.

sábado, 21 de mayo de 2016

Historias de jardinería...




Si miro primero en el calendario, y luego atrás en el tiempo, puedo darme cuenta de que, sea mucho o poco, estoy en un periódo quincenal que, hace un año, fue bastante determinante para nosotros.

Finalizaba este mismo mes cuando, tras unos meses conociéndonos, tomando primero unas decisiones como amigos, y luego acercándonos de manera más especial con otras, nos encontrábamos en ese punto indefinido en el que las líneas se cruzan y las etiquetas no sirven ni para nombrar ni para explicar.

Y en eso estábamos inmersos, muy juntos pero no siempre juntos, cada uno pendiente también de historias paralelas protagonizadas por el resto de elenco de nuestras vidas. Algunos capítulos cerraban parte de esas historias, otros las dejaban en una expectación digna de un "continuará" al final de créditos, otros anticipaban crónicas de muertes anunciadas, y algunos eran páginas navegando a la deriva en la incertidumbre.

Pero Tú y yo estábamos juntos, en una época en la que yo todavía no te adornaba en mayúsculas, pero te adoraba aun sintiéndome minúscula en comparación de tu grandeza. En una etapa en la que la parte de nosotros que este blog abarca no creíamos ir a compartirla, cada uno por sus propias dudas y temores, que hacían que lo "nuestro" fuera "otra cosa" distinta, e igualmente, tan maravillosa como todo lo vivido juntos.

Tú y yo estábamos juntos, sí. Y en estos inicios de aquella quincena, dimos un paso más y consumamos algo que, despacio, había estado gestándose y afianzándose en una confianza y seguridad que marcasen la diferencia. Porque no queríamos maquinarias ni estrategias, sino hacer de aquello algo distinto y más sincero.

Así, en el ecuador de las dos semanas, fuimos abrazando más las sensaciones, nuestras primeras veces en múltiples cosas, que iban siempre sumando. Y aquello se nos iba de las manos, como granos de arena escapándose irremediablemente de entre los dedos, para construir nuestro castillo particular de sueño. Porque hasta el momento, vivíamos en un presente, y ahí, comenzábamos a imaginarnos en un futuro plural y en primera persona, que hacía peligrar el resto de libros que protagonizábamos, pero aventuraba que lo "nuestro" iba a ser una saga infinita...

Recuerdo los sucesos finales de aquella quincena. Recuerdo la resurrección de fantasmas del pasado, las búsquedas a destiempo, y las fugas de pieles ajenas a las propias, saltando de un libro a otro. Porque al final, siempre queríamos proseguir un capítulo más juntos incluso cuando estábamos emitiendo episodios alternativos. Y de nuevo, era una intensidad que amenazaba con sumirnos en los conflictos de la moral y la lealtad, enfrentados con los anhelos que nos iban acercando a lo sempiterno.

De ahí en adelante, todo fue avanzando y sucediéndose de manera imparable. Desenlaces, sorpresas, decisiones... Pero lo nuestro, renovaba para temporadas indefinidamente. O así lo sentíamos. Y poco a poco, nuevos elementos fueron incorporándose, y los temas a abarcar en lo nuestro crecían, abriéndose posibilidades que ya no podíamos negarnos.

Desde entonces, he hecho muchas cosas bien... Y algunas otras, bastante mal. He caminado entre aciertos y errores, intentando acortar cada vez más esa distancia que la inexperiencia marcaba, para alcanzarte en altura y aumentar nuestra cercanía. He tratado de crecer lo más deprisa posible para entrar en tus prendas íntimas y dar la talla. A veces, lo he logrado. Otras, me he equivocado. Otras, he fallado. Y otras, por cosas que no justifican mis desaciertos ni son relativas a Ti, me he dormido en los laureles.

Supongo que estaba demasiado sucumbida a todas las sensaciones nuevas e intensas, que disfrutando como en todo mi valle de lágrimas nunca había hecho, me tomé algunos temas con demasiada calma, inconstante con otros, y demasiado focalizada en algunos. No siempre he hecho honor a esa inteligencia que de mí tanto te gusta, ni a la madurez que rompía la barrera generacional, ni a la fortaleza y el valor con los que Tú me habías visto avanzar. A veces, mis pecados no han sido esos en los que sumirnos felizmente, sino verdaderos lastres para mí misma que han salpicado alguna página con motas de alerta. Casi siempre superaba las pruebas, pero no todas las lecciones las aprendía con la misma velocidad, y sé que algunos cambios, si bien fueron plantados hace tiempo, han tardado en comenzar a dar sus frutos.

Pero también sé que, si miro atrás, hace un año era imposible adivinar que yo estaría ahora aquí, escribiendo esto sin que Tú repares en que es esta la pestaña del navegador que tengo abierta, mientras trabajas tras un día más juntos... De todos los que nos quedan.

Y por eso, sabiendo que tenemos una renovación de temporadas ilimitada, y páginas infinitas por llenar juntos, sé que poco a poco, serán ilustradas por los árboles que nazcan de los frutos que hoy estamos tomando, y de los cuáles plantaremos nuevas semillas. Porque he aprendido a regar, abonar, y podar.

Y al final, nuestro jardín estará libre de malas hierbas, y lleno de buena vida. 

De nuestra vida.