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viernes, 13 de mayo de 2016

Imagino...

Y aquí estamos otra vez.  Aquí estás Tú, trabajando. Aquí estoy yo, en un segundo plano, sin interrumpiros pero aportando lo poco que mi ajena inexperiencia puede daros. Aquí estoy yo, en una breve pausa entre estudios y asuntos que me mantienen ocupada, permitiéndome dejar mis ansias de Ti en un segundo plano. Aquí estamos. No estamos solos.

Aquí estoy yo, contemplándote desde mi silencio. Te escucho, y mis oídos beben de la cadencia de tu voz. Tus tonos, las palabras que enfatizas y las que arrastras, aquellas que repites o aquellas entre las que te pausas. Te miro, te admiro, y te vuelvo a mirar... Y me detengo en cada detalle, en todos los rasgos que te trazan: en tu nuca, que tanto desearían acariciar ahora mis labis, y, cuando ladeas el rostro, en tu regio perfil. En tus brazos, siempre fuertes, bailando en el constante movimiento de tus manos, cuyo tacto tanto me gustaría sentir ahora. En tu postura, que varia según lo hace la intensa charla creativa que mantienes.

Aquí estoy yo, imaginando. Imaginando que soy valiente, que ya no me hago más pequeñita de la vergüenza. Imaginando que he crecido y mejorado, que he sembrado esfuerzos y recogido avances. Imaginando que el mundo ha cambiado y que nuestros secretos no son condenados ya por ojos sociales. Imagino que estamos en un momento y lugar en el que mi imaginación, valga la redundancia, puede dejarse llevar...

Imagino que puedo demostrarte con actos la veracidad de estas palabras. Que puedo buscarte, de rodillas como correspondería a la sumisión que contigo ha florecido. Que puedo suplicarte, con el silencio de mis ojos, que me permitas acercarme más. Que puedo rogarte, casi muda, por tener el honor de darte placer. 

Imagino que me concedes ese privilegio. Imagino la sonrisa con la que lo haces, y el roce de tus dedos en mi pelo. Imagino como los míos desabrochan los botones de un pantalón al que ahora no quito ojo mientras tú sigues enfrascado en tu diálogo, e imagino que voy haciendo lo propio con tu cinturón y cremallera.

Imagino tu sabor, por fin en mi boca, tras horas deseándolo. E imagino como, tras un rato de entrenamiento y aprendizaje, tengo por fin permiso para alzarme y sentarme sobre ti. Imagino entonces que por fin, por fin, por fin, te siento dentro de mí, Imagino como tu polla va abriéndome el coño, ese que ahora chorrea sin decírtelo mientras escribo esto, poco a poco, cuando me voy dejando caer despacio sobre ti...

Y el resto... El resto, son imaginaciones variadas, en las que nuestros cuerpos danzan al compás de una música que solo está en nuestra cabeza. Imaginaciones en las que la misma canción nos mueve a ambos. Imaginaciones en las que dibujamos posturas, lugares y posiciones, según tus manos y tu voz lo dictaminan. Porque por encima todo, me imagino que por fin, te dejas llevar conmigo... Que das rienda suelta a TUS deseos, los cuales yo ya anhelo como latidos propios en mi pecho, que no te reprimes ni contienes, que eres, sencillamente TÚ, conmigo. Que estamos juntos, Tú y yo, y Tú, permites que se haga pues tu voluntad... A tu gusto.

Y en todas esas imaginaciones, en las que me usas para ello y soy a la vez juguete y compañera de juegos, me imagino siempre un final que, si bien es distinto cada vez, coincide siempre en algo: tu clímax. Siempre, todo termina cuando, por fin, logro complacerte y Tú logras liberarte hasta alcanzar tu culmen. Porque no hay mayor meta que la de tu placer, ni mayor premio que participar de tu orgasmo.

Pero ahora no es el momento ni el lugar... Y toca seguir imaginando, soñando despierta...

Porque dicen que soñar es gratis, pero en mi caso... Tú eres dueño de mis sueños, mi Amo.

Para siempre y para todo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Latidos que imaginan



Bajo los huesos, cubierto por la piel que ceñida los viste, algo se me agita. Es mi corazón. Lleva horas desbocado y revolucionado, como si fuese un manifestante en plena marcha de sublevación. Si cierro los ojos en el silencio, casi puedo escuchar sus acelerados latidos en mi mente. O tal vez sea que el fuerte bombeo de la sangre alcanza mi loca cabeza, y yo noto palpitar mis sienes en la oscuridad de mis párpados caídos.

En cualquier caso, sé que desde anoche, late más fuerte. En verdad, siempre late fuerte por Ti. Pero hoy, lo hace especialmente. Y... No es la única parte de mi cuerpo cuyos latidos se han vuelto intensos. Más abajo del vientre, en el rincón que habita entre mis piernas, algo late. Late con tanta fuerza, que casi me sonrojo al pensar que alguien más que Tú y yo pudiera darse cuenta...


Y así, presa de esa tortuosa mezcla de morbo y vergüenza, me imagino que alguien más es capaz de oír los latidos de mi coño mojado. Y me ruborizo al pensar en que ese alguien, fueses Tú. Porque sé que eres consciente de mi humedad constante, en un estado tal y como ha sido por Ti demandado, pero que no puedes sin embargo escuchar como tu juguete palpita por Ti una y otra vez.

¿Y si pudieras oirlo, justo ahora, mientras trabajas a apenas unos metros de distancia? ¿Sería entonces culpable de distraerte? No quisiera yo cometer la torpeza de afectar a tu concentración y labores, y, sin embargo...

Sin embargo, no dejo de imaginar.... Y cada imaginación, incrementa mis latidos. Me imagino un momento en que los testigos que nos acompañan dejan de tener el peso de la ética social, perdiéndose toda importancia prejuiciosa. Me imagino un momento en el que, de repente, me vuelvo osada, lo suficiente como para levantarme despacio y en silencio, y acercarme a tu espalda. Me imagino que entonces mis pequeños brazos te rodean por detrás, apoyándose en tu pecho firme y perfecto, y mis labios acarician tu nuca en un suspiro. Me imagino que mi lengua se vuelve atrevida y recorre serpenteante la aspereza de tu cuello y la suavidad de tu oreja. Me imagino que tu silla se gira, y yo puedo sentarme entonces sobre tus piernas, dejando que mis nalgas abracen el bulto de tu pantalón, y obteniendo con tu permiso el acceso a tu boca o el regalo de tu saliva.

Cierro los ojos y respiro profundamente: la imaginación está poniendo en apuros ya no solo a mis braguitas, sino a ese pantalón que de repente siento incómodo y sobrante. Trago saliva e intento pensar en todas las razones por las que mis imaginaciones no son posibles: pienso en que no estamos solos, y en que estás trabajando. Pienso en que tendré que irme, y en que ya he tenido la gran fortuna de poder sentirte hoy una vez dentro de mí, y de haber degustado dos veces tu sabor en mi paladar y esa caricia líquida en mi garganta...

Y por supuesto, no funciona. Porque recordar eso último, impide que mis intentos de serenarme no sean vanos. Y entonces, vuelvo a imaginar... Y me imagino, de nuevo, que nadie más está, o que si están, no importan. Y, ya no solo osada, sino valiente, mi yo imaginario se levanta procurando no hacer ruido, como si pese al atrevimiento buscase hacerlo de la forma menos inoportuna. Así, en el sigilo que solo la imaginación puede conferirle a esta niña torpe, gateo hasta ti cual perra en busca de su Amo. Y, mientras Tú trabajas, cansado y estresado, yo, ansiosa buscadora de tu alivio, me cuelo bajo tu mesa. Mis manos palpan tu pantalón y, como estamos en mi imaginación, no me tiemblan, ni si quiera cuando te acarician sin el carácter errático e inexperto que tendrían en la realidad. Y, aquí imaginando, soy lo suficientemente valiente como para no vacilar a la hora de agarrar tu polla entre mis dedos para liberarla de la opresión de la tela. Me imagino que, tras dejar caer la saliva como a Ti te gusta, mi lengua la recorre entera, en su enorme tamaño. Y me imagino  entonces que realmente he avanzado en mi entrenamiento, y que soy capaz de hacerlo bien esta vez, cuando toca meterla dentro de mi boca. Me imagino que est vez sí puedes follarme hasta la garganta, una y otra vez. Me imagino que hasta yo misma soy capaz de follarme la boca, de darte placer por mí misma hasta el final, volviendo así más  llevadera tu dura jornada. Y sigo imaginando, hasta que casi puedo volver a notar tu sabor inundándome las papilas, conteniendo el aliento ante ese vívido pensamiento.

Pero claro... Esto es solo mi imaginación. Una imaginación en la que yo no soy torpe, en la que sabría realmente estar a la altura de una buena mamada, o en la que mis manos supieran dar la talla. Una imaginación en la que quién mire o el qué dirán no importa. Una imaginación en la que pudieras permitirte una interrupción como esta, porque... ¿Serías capaz de seguir trabajando si me tuvieras ahora justo ahí, arrodillada bajo tu mesa, haciendo uso de mi boca para complacerte?

¿Serás capaz si lees esto, y me imaginas así, de mantener sin fisuras tu impertérrita concentración?